Hidronefrosis en bebés: ¿qué significa que el riñón de mi bebé salga dilatado en el ultrasonido?

Hidronefrosis significa que la parte central del riñón (la pelvis renal) se ve más ancha de lo normal porque la orina se acumula ahí. En bebés es uno de los hallazgos más frecuentes del ultrasonido prenatal: la mayoría de los casos leves se resuelven solos, pero todos necesitan seguimiento con ultrasonido para identificar a los pocos que sí requieren tratamiento.

¿Qué es la hidronefrosis y por qué se ve "dilatado" el riñón?

El riñón produce orina de forma continua. Esa orina se junta en una cavidad central llamada pelvis renal, baja por un tubo delgado (el uréter) hasta la vejiga, y de ahí sale por la uretra. Cuando la orina no fluye con la libertad esperada, o cuando parte de ella regresa hacia arriba, la pelvis renal se ensancha. Eso es lo que el radiólogo describe como "riñón dilatado", "pelvis renal dilatada", "pielectasia", "ectasia piélica" o "hidronefrosis". Hoy el término técnico que recomiendan los consensos es dilatación de la vía urinaria (UTD, por sus siglas en inglés), porque describe lo que se ve sin presuponer la causa (Nguyen et al., 2014).

Conviene saber que es un hallazgo muy común. La dilatación de la vía urinaria se detecta en alrededor de 1 a 2 de cada 100 embarazos, y en algunas series hasta en 5 de cada 100 (Nguyen et al., 2014; Lee et al., 2006). Es la segunda malformación congénita que más se detecta antes de nacer, solo después de las cardíacas, y la gran mayoría de estos bebés nunca necesitará cirugía (Herndon et al., 2025).

¿Por qué se dilata el riñón del bebé? Causas de hidronefrosis

La dilatación es un signo, no un diagnóstico. Estas son las causas que el nefrólogo pediatra y el urólogo pediatra buscan, de la más frecuente a la menos frecuente:

  • Dilatación transitoria o fisiológica. Es la causa más común. La vía urinaria del bebé está madurando, produce mucha orina y sus tubos son elásticos; la pelvis se ve ancha sin que exista ninguna obstrucción ni reflujo, y con el tiempo se normaliza. Se confirma solo con el seguimiento: si en los ultrasonidos posteriores la dilatación disminuye o desaparece y nunca hubo otros datos de alarma, era transitoria.

  • Reflujo vesicoureteral. Parte de la orina regresa de la vejiga hacia el uréter y el riñón. El reflujo puede acompañar a cualquier grado de dilatación, incluso a las leves (Lee et al., 2006), y su importancia es que facilita las infecciones urinarias febriles. Si quieres entender cómo se estudia y se protege un riñón con reflujo, lo explicamos en el artículo sobre infecciones urinarias recurrentes en niños.

  • Estrechez en la salida de la pelvis renal (obstrucción de la unión pieloureteral). El punto donde la pelvis se conecta con el uréter es más angosto de lo normal y la orina sale con dificultad. Es la causa más frecuente de las dilataciones importantes de un solo lado.

  • Megauréter o estrechez en la entrada a la vejiga (unión ureterovesical). El uréter se ve dilatado además de la pelvis.

  • Válvulas de uretra posterior. Ocurren solo en varones: una membrana en la uretra impide que la vejiga se vacíe bien. Suele verse como dilatación de ambos riñones con una vejiga de pared gruesa. Es la causa que más daño puede hacer al riñón y por eso se evalúa de inmediato, incluso antes de las 48 horas de vida (Nguyen et al., 2014; Herndon et al., 2025).

  • Otras: riñón con doble sistema colector, ureterocele, o dilatación asociada a otras malformaciones.

¿Qué tan grave es? Grados de hidronefrosis en bebés

Desde 2014, ocho sociedades médicas (radiología, urología pediátrica, nefrología pediátrica y medicina materno-fetal) acordaron una sola forma de clasificar la dilatación según el riesgo de que exista una enfermedad de fondo: el sistema UTD (Nguyen et al., 2014). Se basa sobre todo en la medida que viene en tu reporte: el diámetro anteroposterior de la pelvis renal (DAP), en milímetros, junto con otros detalles del ultrasonido (si se dilatan los cálices, cómo se ve el tejido del riñón, si el uréter está dilatado y cómo luce la vejiga).

En el embarazo (ultrasonido prenatal):

Categoría

Diámetro de la pelvis renal

Qué significa

Normal

Menor de 4 mm antes de las 28 semanas · menor de 7 mm a partir de las 28 semanas

Sin dilatación

UTD A1 (riesgo bajo)

4 a menos de 7 mm antes de las 28 semanas · 7 a menos de 10 mm a partir de las 28 semanas, con todo lo demás normal

La mayoría se resuelve sola; se vigila

UTD A2-3 (riesgo aumentado)

7 mm o más antes de las 28 semanas · 10 mm o más a partir de las 28 semanas, o cualquier medida con cálices periféricos dilatados, uréter dilatado, tejido renal anormal, vejiga anormal o poco líquido amniótico

Requiere ultrasonidos más seguidos y valoración por el especialista

Después de nacer (ultrasonido posnatal, idealmente después de las 48 horas de vida):

Categoría

Hallazgos

Seguimiento que propone el consenso

Normal

Pelvis renal menor de 10 mm, sin dilatación de cálices

Sin seguimiento adicional si todo lo demás es normal

UTD P1 (riesgo bajo)

Pelvis de 10 a menos de 15 mm y/o solo cálices centrales dilatados

Repetir ultrasonido en 1 a 6 meses

UTD P2 (riesgo intermedio)

Pelvis de 15 mm o más, y/o cálices periféricos dilatados, y/o uréter dilatado

Repetir ultrasonido en 1 a 3 meses

UTD P3 (riesgo alto)

Lo anterior más tejido renal adelgazado o anormal, o vejiga anormal

Ultrasonido en 1 mes; se recomiendan cistouretrograma y antibiótico preventivo según la causa que se sospeche

Clasificación UTD del consenso multidisciplinario de 2014 (Nguyen et al., 2014) con las aclaraciones de su actualización de 2021 (Nguyen et al., 2022). La categoría no es un diagnóstico: orienta cuánto vigilar y qué estudios pedir.

¿Por qué importa el grado? Porque el riesgo de encontrar una enfermedad de fondo sube con la medida. En un metaanálisis de 17 estudios con más de 1,300 bebés, se encontró alguna alteración urológica después del nacimiento en alrededor de 12 de cada 100 bebés con dilatación prenatal leve, 45 de cada 100 con dilatación moderada y 88 de cada 100 con dilatación severa (Lee et al., 2006). Dicho al revés: en los casos leves, que son la mayoría, casi 9 de cada 10 bebés no tienen nada que corregir.

Me dijeron en el embarazo que el riñón de mi bebé está dilatado, ¿qué sigue?

Lo primero: una dilatación detectada en el embarazo no significa que tu bebé vaya a nacer enfermo ni que necesite cirugía. Significa que hay que mirarlo con cuidado. El camino habitual, según el consenso (Nguyen et al., 2014), es este:

  1. Durante el embarazo. Si la dilatación es de riesgo bajo (A1), se repite el ultrasonido alrededor de la semana 32; si para entonces desapareció y el riñón, el uréter y la vejiga se ven normales, ya no hace falta más seguimiento. Si es de riesgo aumentado (A2-3), el ultrasonido se repite cada 4 a 6 semanas y conviene una consulta prenatal con nefrología o urología pediátrica para planear el nacimiento y los primeros estudios. El parto, en la mayoría de los casos, no cambia por este hallazgo.

  2. Primer ultrasonido del bebé. Se hace después de las 48 horas de vida y antes del primer mes. En los primeros dos días el recién nacido orina poco y está relativamente deshidratado, así que el ultrasonido puede subestimar la dilatación y dar una falsa tranquilidad (Nguyen et al., 2014). Las excepciones en las que se hace de inmediato son: dilatación importante de ambos riñones, sospecha de válvulas de uretra posterior en un varón, poco líquido amniótico, riñón único y cuando hay riesgo de que la familia no pueda regresar al seguimiento (Nguyen et al., 2014; Capolicchio et al., 2018).

  3. Clasificar y decidir. Con ese ultrasonido, el bebé se ubica en P1, P2 o P3 (tabla de arriba). De ahí se decide cada cuánto repetir el ultrasonido y si hacen falta otros dos estudios: el cistouretrograma miccional (una radiografía con medio de contraste en la vejiga, que es el único estudio que muestra si hay reflujo) y el gammagrama renal (que mide cuánto trabaja cada riñón y si hay obstrucción). En los grados bajos e intermedios, el consenso deja la decisión al criterio del médico tratante; en el riesgo alto los recomienda (Nguyen et al., 2014). La guía de la Academia Americana de Pediatría de 2025 insiste en que estas decisiones se tomen de forma individual y compartida con los papás, con la evidencia sobre la mesa (Herndon et al., 2025).

  4. Seguimiento. En la consulta de nefrología pediátrica revisamos cómo crece, cómo orina, su presión arterial y, cuando hace falta, su creatinina interpretada con su talla y un examen de orina. El objetivo es simple: proteger la función del riñón mientras la dilatación se resuelve o mientras se define si necesita cirugía.

Lo que no hay que hacer: no hay dietas, posiciones, masajes ni remedios que "destapen" el riñón del bebé. Tampoco hay que suspender la lactancia ni restringir líquidos. Lo que sí cuida el riñón es cumplir las citas y los ultrasonidos, y conocer las señales de alarma que vienen a continuación.

Señales para llevarlo HOY a urgencias

Un bebé con hidronefrosis necesita valoración el mismo día si presenta cualquiera de estas señales:

  • Fiebre sin causa evidente (38 °C o más), sobre todo en los primeros meses: en un bebé con dilatación de la vía urinaria, la primera sospecha es una infección urinaria, y en esta edad la fiebre puede ser el único síntoma.

  • Chorro de orina débil, "a gotitas" o con esfuerzo en un varón, o pañales que casi no se mojan.

  • Pañales secos por más de 6 a 8 horas, o mucho menos orina de lo habitual.

  • Vómito repetido, rechazo del alimento o decaimiento marcado.

  • Abdomen muy distendido o una "bolita" que se palpa en el abdomen.

  • Orina turbia, con mal olor fuerte o con sangre.

Ante la duda, es mejor una visita de más que una infección que avanza. Las infecciones urinarias febriles en un riñón dilatado son la complicación que más buscamos prevenir, porque cada una puede dejar cicatriz.

¿Mi bebé necesita antibiótico o cirugía?

Antibiótico preventivo. A algunos bebés se les indica una dosis baja diaria de antibiótico ("profilaxis") durante los primeros meses para reducir el riesgo de infección urinaria mientras se completa el estudio. La evidencia dice que vale la pena sobre todo en las dilataciones de alto grado: en una revisión sistemática de 21 estudios con casi 3,900 bebés, en los grados bajos la frecuencia de infección fue similar con o sin profilaxis (alrededor de 2 a 3 de cada 100), mientras que en los grados altos bajó de cerca de 29 de cada 100 a cerca de 15 de cada 100 con el antibiótico (Braga et al., 2013). Por eso la guía canadiense la recomienda en las dilataciones de alto grado y no de forma rutinaria en las leves (Capolicchio et al., 2018), y la guía de la Academia Americana de Pediatría de 2025 pide decidirlo caso por caso con los papás (Herndon et al., 2025). Si a tu bebé se la indicaron, lo importante es no suspenderla por tu cuenta hasta la siguiente cita; si no se la indicaron, no significa que esté "desprotegido": significa que su riesgo es bajo.

Cirugía. Solo una minoría la necesita: cuando se confirma una obstrucción que compromete la función del riñón, cuando hay válvulas de uretra posterior, o cuando un reflujo de alto grado provoca infecciones a pesar del tratamiento médico. La cirugía la realiza el urólogo pediatra; el nefrólogo pediatra vigila la función renal antes y después, trata las infecciones y la presión arterial, y sigue al niño a largo plazo. Las dos especialidades trabajan juntas; ninguna sustituye a la otra. Si el ultrasonido de tu bebé mostró una dilatación y aún no tienen quién la siga, la consulta de nefrología pediátrica es el punto de partida; si ya tienen un diagnóstico y quieren confirmarlo, está la segunda opinión.

Para pediatras, ginecólogos y médicos de primer contacto: cuándo referir y qué enviar

Referencia preferente a nefrología pediátrica (consulta programada):

  • Dilatación prenatal UTD A2-3, o posnatal UTD P2 o P3.

  • Dilatación bilateral de cualquier grado, o dilatación en riñón único.

  • Dilatación con uréter dilatado, vejiga de pared gruesa o tejido renal adelgazado o ecogénico.

  • Dilatación de cualquier grado que persiste o aumenta en el ultrasonido de control, o que se acompaña de infección urinaria febril.

  • Alteración de la función renal: creatinina por arriba del rango para la edad o filtrado estimado bajo (cómo interpretarla con la talla).

Referencia urgente (el mismo día): sospecha de válvulas de uretra posterior (varón con dilatación bilateral y vejiga anormal, chorro débil u oligohidramnios), oliguria, infección urinaria febril en un lactante con dilatación conocida, o creatinina en ascenso.

Qué enviar: reportes e imágenes de los ultrasonidos prenatales y posnatales (con el DAP en milímetros y la semana de gestación o la edad al momento del estudio), creatinina con la talla y el peso del mismo día, examen general de orina y urocultivo si hubo fiebre, cistouretrograma y gammagrama si ya se hicieron, y lista de medicamentos (incluida la profilaxis). Los criterios de referencia por patología están reunidos en la página para médicos.

Preguntas frecuentes

¿La hidronefrosis en bebés se quita sola? En muchos casos sí. La causa más común es una dilatación transitoria que se normaliza con la maduración de la vía urinaria durante los primeros meses o años, y en las dilataciones prenatales leves cerca de 9 de cada 10 bebés no presentan ninguna alteración de fondo (Lee et al., 2006). Que se resuelva sola solo se confirma con el seguimiento por ultrasonido; mientras tanto hay que vigilar las señales de infección.

¿Es peligrosa la hidronefrosis bilateral? Requiere más atención que la de un solo lado, pero no siempre es grave. En un varón, la dilatación de ambos riñones con vejiga de pared gruesa obliga a descartar válvulas de uretra posterior de inmediato, incluso antes de las 48 horas de vida. En otros casos la dilatación bilateral también puede ser transitoria. Por eso toda dilatación bilateral se valora con el especialista desde el principio.

¿Cada cuánto se repite el ultrasonido en un bebé con hidronefrosis? Depende del grado. Según el consenso UTD, en el riesgo bajo (P1) se repite en 1 a 6 meses; en el intermedio (P2) en 1 a 3 meses; y en el alto (P3) en 1 mes. El primer ultrasonido después de nacer se hace después de las 48 horas de vida y antes del mes, salvo en los casos urgentes, porque en los primeros dos días la dilatación puede verse menor de lo que es.

¿Mi bebé necesita antibiótico por la hidronefrosis? No todos. El antibiótico preventivo reduce de forma clara las infecciones urinarias en las dilataciones de alto grado (de cerca de 29 a cerca de 15 de cada 100 bebés), mientras que en las leves la frecuencia de infección es baja con o sin antibiótico (Braga et al., 2013). La decisión se toma con el grado de dilatación, el sexo del bebé, si hay reflujo y la preferencia de los papás, y la indica el médico tratante.

¿Qué médico debe ver a un bebé con hidronefrosis? El seguimiento lo lleva el nefrólogo pediatra, que vigila la función del riñón, previene y trata las infecciones y decide qué estudios hacen falta; cuando se confirma una obstrucción o un reflujo que requiere cirugía, participa el urólogo pediatra. El pediatra sigue siendo el médico de cabecera y quien detecta las señales de alarma entre consultas.

Referencias

  1. Nguyen HT, Benson CB, Bromley B, et al. Multidisciplinary consensus on the classification of prenatal and postnatal urinary tract dilation (UTD classification system). Journal of Pediatric Urology. 2014;10(6):982-998. doi:10.1016/j.jpurol.2014.10.002

  2. Herndon CDA, Otero HJ, Hains D, Sweeney RM, Lockwood GM; American Academy of Pediatrics. Perinatal urinary tract dilation: recommendations on pre-/postnatal imaging, prophylactic antibiotics, and follow-up: clinical report. Pediatrics. 2025;156(1):e2025071814. doi:10.1542/peds.2025-071814

  3. Lee RS, Cendron M, Kinnamon DD, Nguyen HT. Antenatal hydronephrosis as a predictor of postnatal outcome: a meta-analysis. Pediatrics. 2006;118(2):586-593. doi:10.1542/peds.2006-0120

  4. Braga LH, Mijovic H, Farrokhyar F, Pemberton J, DeMaria J, Lorenzo AJ. Antibiotic prophylaxis for urinary tract infections in antenatal hydronephrosis. Pediatrics. 2013;131(1):e251-e261. doi:10.1542/peds.2012-1870

  5. Capolicchio JP, Braga LH, Szymanski KM. Canadian Urological Association/Pediatric Urologists of Canada guideline on the investigation and management of antenatally detected hydronephrosis. Canadian Urological Association Journal. 2018;12(4):85-92. doi:10.5489/cuaj.5094

  6. Nguyen HT, Phelps A, Coley B, Darge K, Rhee A, Chow JS. 2021 update on the urinary tract dilation (UTD) classification system: clarifications, review of the literature, and practical suggestions. Pediatric Radiology. 2022;52(4):740-751. doi:10.1007/s00247-021-05263-w

Dra. María Cristina Castañeda Martínez
Nefróloga Pediatra · Ciudad de México
Médico Cirujano (Cédula SEP 9781821) · Especialista en Pediatría (Cédula SEP 11897194) · Subespecialista en Nefrología Pediátrica (Cédula SEP 12360159) · Maestría en Ciencias de la Salud (Cédula SEP 15436321)

Publicado el 14 de octubre de 2026 · Última revisión: 14 de octubre de 2026.

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