Mi hijo tiene infecciones de orina repetidas, ¿le pueden dañar los riñones?
Sí, las infecciones urinarias que se repiten pueden dejar cicatrices en el riñón si no se estudian y tratan a tiempo —sobre todo en los niños más pequeños—, pero con un diagnóstico oportuno el riesgo es bajo. Lo importante no es solo tratar cada infección, sino encontrar qué las está favoreciendo (como el reflujo vesicoureteral o el estreñimiento) y proteger la función renal a largo plazo.
¿Qué cuenta como infecciones urinarias "de repetición"?
Hablamos de infecciones urinarias (ITU) recurrentes cuando un niño tiene dos o más episodios en seis meses, o tres o más en un año; la guía británica NICE las define como dos o más infecciones con fiebre, una con fiebre más una sin fiebre, o tres o más sin fiebre (NICE, 2022). Las ITU son frecuentes en la infancia: están detrás de cerca del 7 % de las fiebres en lactantes (American Academy of Pediatrics, 2026), son igual de comunes en niños y niñas durante el primer año de vida y después se vuelven más frecuentes en las niñas (Tullus & Shaikh, 2020). Y no son raras de repetir: una parte importante de los niños que tienen una primera ITU febril presentará otra.
Como papá o mamá, la infección no siempre se anuncia con palabras médicas. Las frases que escuchamos todos los días en consulta son: "le arde al orinar", "le arde su parte íntima", "llora cuando hace pipí", "su pipí huele muy feo". Todas esas frases describen lo mismo: molestia urinaria que merece confirmarse con un examen de orina, no adivinarse.
No todas las infecciones son iguales. Importa distinguir:
Cistitis (ITU baja): ardor, urgencia, ir muchas veces al baño, orina turbia o con mal olor. Suele ser molesta pero de bajo riesgo renal. (Si tu hijo va al baño a cada rato pero el examen de orina sale limpio, puede tratarse de otra cosa: te lo explicamos en ¿Por qué mi hijo orina a cada rato y poquito?.)
Pielonefritis (ITU alta, con fiebre): fiebre alta, dolor en la espalda o el costado, decaimiento. Esta es la que puede afectar al riñón y la que hay que tomar más en serio, especialmente en menores de 2 años.
¿Pueden dañar los riñones?
Sí, pero con matices. Las infecciones con fiebre (pielonefritis) repetidas pueden dejar cicatrices renales (lo que llamamos nefropatía por reflujo o cicatricial). El riesgo es mayor cuanto más pequeño es el niño, cuantas más infecciones febriles tiene y cuando existe una anomalía de fondo que las facilita, como el reflujo vesicoureteral. En niños menores de 2 años estudiados después de una infección urinaria, se ha encontrado cicatriz renal en alrededor de una cuarta parte, y la probabilidad sube con el grado del reflujo (Läckgren et al., 2021).
El tiempo también cuenta: retrasar el diagnóstico y el antibiótico correcto en una ITU con fiebre se asocia con mayor riesgo de cicatriz renal. Por eso la guía 2026 de la Academia Americana de Pediatría pide que un niño de 2 meses a 5 años con fiebre sin causa aparente o con síntomas urinarios sea evaluado dentro de las primeras 72 horas, y antes si tiene factores de riesgo (American Academy of Pediatrics, 2026; Mattoo et al., 2021). La conducta correcta ante fiebre y molestias urinarias no es esperar ni automedicar: es tomar la muestra de orina y empezar el tratamiento indicado cuanto antes.
La buena noticia: cuando las ITU se diagnostican y tratan pronto, y se estudia lo que las favorece, la mayoría de los niños no desarrolla daño renal permanente. Por eso el objetivo de la valoración no es solo "curar la infección de hoy", sino evitar las de mañana y cuidar el riñón a futuro.
¿Cómo se ve una infección de orina según la edad de tu hijo?
La misma enfermedad se presenta muy distinto a los 6 meses que a los 8 años. Esta guía rápida ayuda a no dejarla pasar:
Bebés menores de 1 año: es la edad de mayor riesgo y la más engañosa. Muchas veces la ITU se presenta solo como fiebre sin explicación, a veces con vómito, irritabilidad o que el bebé no sube de peso. No hay "ardor" que el bebé pueda contar. Toda fiebre sin foco en un bebé merece examen de orina con una muestra bien tomada, y una primera ITU febril a esta edad siempre amerita estudio (al menos un ultrasonido renal).
1 a 3 años (etapa del pañal y del baño): a esta edad el niño ya puede tener fiebre con molestia clara, pero muchas veces la única pista sigue siendo la fiebre; aparecen además las señales conductuales: llora al hacer pipí, se aguanta, la orina huele fuerte o se ve turbia. Es también la etapa donde empiezan el estreñimiento y los malos hábitos miccionales que favorecen que la infección regrese.
5 a 6 años (escolar): aquí el clásico es el niño que se aguanta la pipí toda la jornada escolar y toma poca agua. Cistitis de repetición con ardor y urgencia. Es la edad ideal para reeducar hábitos: horarios de baño, hidratación, vaciamiento completo.
7 a 10 años: las infecciones a esta edad obligan a preguntar por hábitos de baño, estreñimiento y escapes de orina de día o de noche. Si además tu hijo moja la cama o tiene escapes diurnos, ambos problemas suelen estar conectados y se estudian juntos: te lo explicamos en Enuresis en niños: guía de control de esfínteres de día y de noche.
Cómo se toma la muestra de orina según la edad (y por qué importa tanto)
Buena parte de los "diagnósticos" de infección urinaria en bebés son en realidad muestras contaminadas. Las guías vigentes coinciden en lo esencial (American Academy of Pediatrics, 2026; Gnech et al., 2025):
Bebé con pañal: la bolsa colectora adherida a la piel sirve solo para descartar (si el examen sale limpio, probablemente no hay infección). Si sale alterado, no se trata con ese resultado: se confirma con una muestra limpia, que en el bebé suele ser por sondeo vesical (cateterismo) o, en algunos casos, por punción suprapúbica. El urocultivo de bolsa casi siempre está contaminado.
Niño que todavía no controla esfínteres pero orina a chorro: puede intentarse el "chorro limpio" estimulado (técnicas de estimulación en el lactante) recogiendo en frasco estéril; si no se logra, sondeo.
Niño que ya controla esfínteres: chorro medio después de limpiar los genitales, en frasco estéril, idealmente la primera orina de la mañana; la muestra se procesa pronto o se refrigera.
Siempre: examen general de orina y urocultivo antes del antibiótico. Un cultivo tomado después del antibiótico ya no sirve para decidir.
¿Es diferente en niños y en niñas?
Sí, y la diferencia importa para decidir cuánto estudiar:
En niñas la ITU es globalmente más frecuente (por la uretra más corta), sobre todo a partir de la etapa preescolar. Que sea más común no significa que las repeticiones sean "normales": las recurrencias febriles se estudian igual.
En niños varones la historia se invierte: el riesgo es mayor durante el primer año de vida —especialmente en no circuncidados— y después se vuelve poco frecuente (Tullus & Shaikh, 2020). Justo por eso, una infección urinaria en un niño varón mayor de un año nunca se considera trivial: es una señal para buscar con más cuidado una anomalía de las vías urinarias o una disfunción para orinar. "Infección urinaria en niños varones" no es una búsqueda exagerada de los papás: es una pregunta clínicamente correcta.
"¿Le puedo dar amoxicilina?" — por qué el antibiótico sin urocultivo empeora el problema
Es la pregunta más frecuente y la respuesta corta es: no, no le des antibiótico por tu cuenta, ni el que le funcionó la vez pasada. No es un regaño: hay tres razones concretas.
El antibiótico "a ciegas" borra la evidencia. El urocultivo es el estudio que confirma la infección y dice exactamente qué bacteria es y qué antibiótico la mata. Si el niño ya tomó antibiótico, el cultivo sale falsamente negativo y nos quedamos sin diagnóstico… justo en un niño en el que necesitamos saber por qué se repite.
La bacteria puede ser resistente. Las bacterias urinarias son cada vez más resistentes a los antibióticos comunes, en buena parte por usarlos sin confirmar la infección; la guía europea 2025 pide elegir el antibiótico según la resistencia local y ajustarlo con el antibiograma (Gnech et al., 2025; Mattoo et al., 2021). El antibiótico equivocado no cura la infección: solo la esconde unos días.
La infección "mal apagada" vuelve. Y cada episodio febril mal tratado suma riesgo para el riñón.
Lo correcto es sencillo: ante molestias para orinar o fiebre sin explicación, examen general de orina y urocultivo ANTES del antibiótico, y el tratamiento lo elige el médico con el resultado. Un dato tranquilizador de la guía 2026: para la mayoría de los niños bastan esquemas cortos, de 7 días o menos, ajustados a la edad y a la gravedad (American Academy of Pediatrics, 2026). Este artículo es educativo: aquí no se indican ni se recetan antibióticos ni dosis — eso siempre se decide en consulta, con el niño evaluado.
¿Por qué se repiten?
Las causas más frecuentes de ITU recurrente en niños son:
Reflujo vesicoureteral: la orina se devuelve de la vejiga hacia el riñón. Está presente en una proporción importante de los niños tras una primera ITU febril y facilita que las bacterias suban al riñón. Lo explicamos a fondo en la siguiente sección.
Estreñimiento: una de las causas más subestimadas; tratarlo reduce las infecciones. (El estreñimiento también está detrás de muchos casos de escapes de orina y enuresis — no es coincidencia que los tres problemas se resuelvan juntos.)
Disfunción vesical / malos hábitos miccionales: aguantar mucho el pipí, vaciamiento incompleto. Estreñimiento + escapes + aguantarse forman la llamada disfunción vesical e intestinal: en los estudios RIVUR y CUTIE la tenía más de la mitad de los niños que ya controlaban esfínteres y habían tenido infección, y cuando se suma al reflujo el riesgo de volver a infectarse sube de alrededor de 20 % a cerca de 50 % en dos años (Shaikh et al., 2016).
Otras malformaciones de las vías urinarias, menos frecuentes.
Identificar cuál de estas está detrás es justamente el trabajo de la valoración especializada.
Un dato más que preocupa mucho a los papás: a veces, durante o después de una infección, la orina se ve rosada o con sangre. La infección es una causa frecuente y benigna de sangre en la orina, pero siempre se confirma que no haya algo más: te lo explicamos en Mi hijo orina con sangre o espuma, ¿qué significa y cuándo es urgente?.
¿Qué es el reflujo vesicoureteral y por qué importa en las infecciones de orina?
El reflujo vesicoureteral es cuando parte de la orina regresa de la vejiga hacia el uréter y el riñón, en vez de salir solo hacia afuera. No duele ni da síntomas por sí mismo; se descubre al estudiar a un niño con infección urinaria o con el riñón dilatado en el ultrasonido. Importa porque, si hay bacterias en la vejiga, el reflujo las sube al riñón: es la puerta de la pielonefritis y de las cicatrices. En la población general lo tiene entre 0.4 y 1.8 % de los niños; entre los menores de 2 años estudiados tras una infección urinaria se encuentra en alrededor de una cuarta parte (Läckgren et al., 2021).
El reflujo se confirma y se clasifica con el cistouretrograma miccional (se llena la vejiga con un medio de contraste a través de una sonda y se toman imágenes mientras el niño orina). La escala internacional va del grado I al V, según hasta dónde sube la orina y cuánto se dilatan el uréter y el riñón. No hay que confundirla con los grados de hidronefrosis (la dilatación que se ve en el ultrasonido, que se mide con otra escala): un riñón dilatado puede o no tener reflujo, y un reflujo leve puede no dilatar nada. Si lo que te dijeron es que el riñón de tu bebé salió dilatado, empieza por Hidronefrosis en bebés: ¿qué significa que el riñón salga dilatado?.
Los grados del reflujo vesicoureteral, explicados
Grado | Qué se ve en el cistouretrograma | Qué suele significar |
|---|---|---|
I | La orina sube solo al uréter, sin dilatarlo. | Reflujo leve. La gran mayoría se resuelve sola conforme el niño crece. |
II | La orina llega hasta la pelvis renal (el "embudo" del riñón), sin dilatar. | Reflujo leve. También suele resolverse solo; se vigila. |
III | Uréter y pelvis renal ligeramente dilatados; los cálices del riñón se ven un poco romos. | Reflujo moderado. Una parte importante se resuelve con los años; otra necesita tratamiento según infecciones y cicatrices. |
IV | Uréter tortuoso y dilatación moderada de pelvis y cálices. | Reflujo severo. Menor probabilidad de resolverse solo; mayor riesgo de pielonefritis y cicatriz. Seguimiento estrecho. |
V | Gran dilatación y tortuosidad; el riñón pierde su forma normal por dentro. | Reflujo severo. Es el que con más frecuencia termina en tratamiento activo. |
¿Se quita solo? Muchas veces sí: el reflujo tiende a desaparecer conforme madura la unión entre el uréter y la vejiga. En un seguimiento de 10 años, alrededor de 7 de cada 10 niños con reflujo grados III a V quedaron sin reflujo o con grado I (Läckgren et al., 2021). La probabilidad es mayor cuanto más bajo es el grado, cuando el reflujo es de un solo lado, cuando se diagnostica antes del año de edad y cuando no hay estreñimiento ni disfunción para orinar; es menor con grados altos, reflujo bilateral en niñas y diagnóstico a mayor edad (Estrada et al., 2009; Gnech et al., 2024). Esa estimación individual es parte de la consulta: con ella se decide cuánto vigilar y cuándo intervenir.
¿Necesita antibiótico preventivo?
El antibiótico preventivo (profilaxis) es una dosis baja, diaria, durante meses, para evitar nuevas infecciones mientras el reflujo madura. Durante años fue automático; hoy se decide caso por caso, porque la evidencia muestra beneficio real pero limitado y un costo en resistencia bacteriana:
En el estudio RIVUR (niños con reflujo que ya habían tenido una o dos infecciones), la profilaxis redujo casi a la mitad el riesgo de una nueva infección (Hoberman et al., 2014).
En el estudio europeo PREDICT (lactantes de 1 a 5 meses con reflujo grados III a V y sin infecciones previas), tuvo una primera infección el 21 % de los que recibieron profilaxis frente al 36 % de los que no; hubo que tratar a 7 niños durante dos años para evitar una infección, no hubo diferencia en cicatrices renales ni en función renal, y las infecciones del grupo con profilaxis fueron más a menudo por bacterias resistentes (Morello et al., 2023).
Por eso la guía europea 2023 dice que no todo niño con reflujo la necesita, propone mantenerla mientras persista la disfunción vesical e intestinal y tratar siempre esa disfunción (Gnech et al., 2024); la guía 2026 de la Academia Americana de Pediatría tampoco la recomienda de rutina en los grados bajos y la reserva para niños seleccionados de mayor riesgo, en decisión compartida con la familia (American Academy of Pediatrics, 2026).
En la práctica: tu hijo puede necesitarla si tiene reflujo de grado alto, infecciones febriles repetidas o cicatrices; puede no necesitarla si el reflujo es leve, no ha tenido infecciones con fiebre y los hábitos de baño e intestino están corregidos. Qué medicamento, en qué dosis y por cuánto tiempo lo define el nefrólogo pediatra; aquí no se prescribe. (La profilaxis del bebé con dilatación renal detectada en el embarazo se explica en el artículo de hidronefrosis.)
¿Cuándo se opera el reflujo?
La mayoría de los niños con reflujo no se opera. La cirugía se reserva, según las guías vigentes, para tres situaciones: infecciones febriles que siguen apareciendo a pesar de la profilaxis bien tomada, imposibilidad de sostener la profilaxis, o reflujo de grado alto que persiste con síntomas en el seguimiento a largo plazo (Gnech et al., 2024). Nuevas cicatrices en el riñón o deterioro de su función pesan en la misma dirección.
Existen dos formas de corregirlo: la inyección endoscópica (por cistoscopia, sin cortes, se inyecta un material debajo de la entrada del uréter para que no regrese la orina; resuelve el reflujo en alrededor de 7 a 8 de cada 10 niños, con más éxito en grados bajos) y el reimplante ureteral (cirugía abierta o laparoscópica que reconstruye la unión; resuelve más del 90 % en grados hasta IV, con complicaciones en alrededor de 5 a 9 %) (Läckgren et al., 2021). La elección depende del grado, de la edad, de si hay otras anomalías y de la experiencia del equipo. La cirugía la realiza el urólogo pediatra; el nefrólogo pediatra estudia el reflujo, trata la disfunción vesical e intestinal, decide y vigila la profilaxis y cuida la función renal antes y después. Si no sabes con quién empezar, te lo aclaramos en ¿A qué doctor llevo a mi hijo si tiene un problema de riñón o de la orina?.
¿Qué estudios necesita mi hijo?
La evaluación es escalonada, casi siempre sencilla, y las guías vigentes la han hecho menos invasiva que hace unos años (American Academy of Pediatrics, 2026; Gnech et al., 2025; NICE, 2022):
Examen general de orina y urocultivo con muestra bien tomada (ver el bloque por edad): confirma la infección y dice qué bacteria es.
Ultrasonido renal y de vías urinarias: sin radiación. Las guías lo recomiendan en todo niño pequeño después de la primera infección urinaria con fiebre, para buscar dilatación, cicatrices, piedras o una vejiga que no vacía bien. Un ultrasonido normal no descarta el reflujo.
Cistouretrograma miccional (CUMS): ya no se hace de rutina después de la primera infección. Se indica cuando el ultrasonido muestra algo relevante, cuando hay una segunda infección con fiebre, cuando la infección es atípica (bacteria distinta de E. coli, mala respuesta al tratamiento) o en bebés muy pequeños con factores de riesgo; la guía británica lo reserva en los menores de 6 meses con infección atípica o recurrente. En algunos centros se usa la ecocistografía con contraste, que detecta el reflujo sin radiación.
Gammagrama renal (DMSA): en casos seleccionados, para ver si hay cicatrices y cuánto funciona cada riñón.
Valoración del estreñimiento y los hábitos de baño, que muchas veces son la pieza clave, y medición de la presión arterial y la talla en cada visita.
¿Cómo se previene y se protege el riñón?
Según lo que se encuentre, el plan puede incluir: tratar el estreñimiento, reeducar los hábitos miccionales (horarios, buena hidratación, vaciamiento completo), tratar la fimosis en los varones pequeños cuando contribuye, y, en casos seleccionados con reflujo, profilaxis antibiótica (Gnech et al., 2025). En el estudio RIVUR, la profilaxis en niños con reflujo redujo casi a la mitad el riesgo de una nueva infección urinaria (Hoberman et al., 2014); el estudio PREDICT confirmó el efecto en lactantes con reflujo de grado alto, con un beneficio más modesto y sin diferencia en cicatrices (Morello et al., 2023). La decisión de usarla o no se individualiza: no todos los niños la necesitan.
Lo esencial: cada nueva ITU febril merece atención, y en un niño con infecciones repetidas vale la pena estudiar el fondo en lugar de solo tratar un episodio tras otro.
¿Cuándo acudir con una nefróloga pediatra?
Conviene una valoración especializada si tu hijo ha tenido dos o más ITU febriles, si la primera infección fue antes del año de edad, si ya le encontraron reflujo vesicoureteral, si hay antecedentes familiares de reflujo o enfermedad renal, o si en el ultrasonido apareció algo que aclarar. Puedes conocer más señales de alerta renales en Para Papás y revisar en qué consiste el estudio en Infecciones urinarias recurrentes en niños.
¿Tu hijo tiene infecciones de orina que se repiten? Agenda una valoración por WhatsApp: 55 1106 7544.
Para el pediatra y el médico de primer contacto: ¿cuándo referir a nefrología pediátrica?
La mayoría de las ITU pediátricas se resuelven bien en primer nivel. La referencia a nefrología pediátrica aporta valor en estos escenarios:
≥2 ITU febriles (pielonefritis) confirmadas con urocultivo, a cualquier edad.
Primera ITU febril en un menor de 1 año, en particular en varones, o en un lactante menor de 2 meses.
ITU en varón mayor de 1 año (obliga a descartar uropatía o disfunción miccional).
Ultrasonido renal anormal: hidronefrosis, cicatrices, asimetría renal, duplicación, engrosamiento vesical.
Reflujo vesicoureteral ya documentado, para decidir profilaxis, seguimiento o corrección (y para coordinar con urología pediátrica si procede).
Germen atípico (no E. coli) o evolución tórpida (fiebre >48-72 h con antibiótico adecuado según antibiograma).
Disfunción vesical e intestinal que no responde al manejo inicial (estreñimiento + escapes + ITU de repetición).
Cualquier ITU recurrente con hipertensión arterial, falla de medro/talla baja o creatinina elevada.
Antecedente familiar de reflujo o enfermedad renal crónica con ITU de repetición.
Imagen según las guías vigentes (AAP 2026; EAU/ESPU 2025; NICE 2022): ultrasonido renal y vesical tras la primera ITU febril en todo menor de 5 años (y en cualquier edad si es atípica o recurrente); cistouretrograma no rutinario tras la primera, sí ante ultrasonido anormal, segunda ITU febril, germen no E. coli o lactante de alto riesgo; DMSA selectivo. La muestra que define el diagnóstico en el niño sin control de esfínteres es por cateterismo (la bolsa solo tamiza).
Qué enviar con la referencia: urocultivos con antibiogramas (los reportes, no solo "salió positivo"), ultrasonido renal y vesical (idealmente con imágenes), cistouretrograma y gammagrama si ya se hicieron, curvas de crecimiento, cifras de presión arterial, creatinina si se midió, y una nota breve de hábitos miccionales e intestinales. Con eso, la primera consulta ya es resolutiva.
Los criterios generales de referencia y la forma de trabajo conjunto están en Para Médicos; si tu paciente presenta edema y proteinuria, los criterios específicos de referencia (y los datos atípicos que obligan a biopsia) están en el artículo de síndrome nefrótico en niños.
¿Eres médico y quieres referir o comentar un caso? Escríbenos por WhatsApp: 55 1106 7544.
Este artículo es información educativa y no sustituye una consulta médica. No permite diagnosticar ni indicar antibióticos a distancia. Ante fiebre alta o sospecha de infección, acude con tu médico.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas infecciones de orina son "demasiadas" en un niño? Se consideran recurrentes cuando hay dos o más episodios en seis meses o tres o más en un año (o dos con fiebre, según la guía británica). A partir de ahí conviene estudiar qué las está favoreciendo, sobre todo si vienen con fiebre.
¿Toda infección urinaria daña el riñón? No. Las infecciones bajas (cistitis, sin fiebre) rara vez dañan el riñón. El riesgo se asocia sobre todo a las infecciones con fiebre (pielonefritis) repetidas, tratadas tarde o en niños con reflujo de grado alto, especialmente en los más pequeños.
¿Le puedo dar amoxicilina a mi hijo si creo que tiene infección de orina? No sin confirmar la infección. El antibiótico sin urocultivo previo puede ocultar el diagnóstico, seleccionar bacterias resistentes y dejar la infección "mal apagada". Lo correcto es examen de orina y urocultivo antes, y que el médico elija el tratamiento con el resultado.
¿Cómo sé si mi bebé tiene infección de orina si no puede decirme que le arde? En bebés la señal más común es fiebre sin explicación, a veces con vómito, irritabilidad o poca ganancia de peso. Toda fiebre sin foco en un menor de un año amerita examen de orina con muestra bien tomada: la bolsa colectora solo sirve para descartar; para confirmar se necesita una muestra por sondeo.
¿Es normal que un niño varón tenga infecciones de orina? Es menos frecuente que en niñas, salvo en el primer año de vida. Una infección urinaria confirmada en un varón mayor de un año siempre merece estudio, porque puede ser la primera señal de una anomalía de las vías urinarias.
¿Qué es el reflujo vesicoureteral? Es cuando la orina se devuelve de la vejiga hacia el uréter y el riñón. Facilita que las bacterias suban y es una causa frecuente de ITU repetidas. Se confirma y se gradúa (I a V) con un estudio llamado cistouretrograma miccional, que hoy se indica solo cuando el ultrasonido es anormal, hay una segunda infección con fiebre o la infección es atípica.
¿El reflujo vesicoureteral se quita solo? Con frecuencia sí, conforme el niño crece: en seguimientos largos, alrededor de 7 de cada 10 niños con reflujo grados III a V quedaron sin reflujo o con grado I. Es más probable en grados bajos, de un solo lado y diagnosticados antes del año; menos probable en grados IV y V. Mientras tanto se vigila y se protege el riñón de nuevas infecciones.
¿El estreñimiento causa infecciones de orina? Sí, es una de las causas más frecuentes y subestimadas. Tratar el estreñimiento suele disminuir de forma importante las infecciones urinarias y, en niños con reflujo, forma parte del tratamiento.
¿Mi hijo necesitará antibiótico todos los días? No siempre. La profilaxis se reserva para casos seleccionados —reflujo de grado alto, infecciones febriles repetidas o cicatrices— y se decide de forma individual, porque reduce las infecciones pero no ha demostrado evitar cicatrices y favorece bacterias resistentes. En muchos niños basta con corregir hábitos y estreñimiento.
¿Qué especialista me recomiendas en la Ciudad de México para un niño con infecciones de orina repetidas? Un nefrólogo pediatra, que estudia por qué se repiten (reflujo, estreñimiento, hábitos) y protege la función del riñón; si hace falta cirugía, trabaja en equipo con el urólogo pediatra. La Dra. María Cristina Castañeda Martínez es nefróloga pediatra certificada (cédula de subespecialidad 12360159) y atiende en Casa KINDOC (Insurgentes San Borja, Benito Juárez) y en KINDOC Satélite (Naucalpan). Puedes agendar por WhatsApp al 55 1106 7544 o leer a qué doctor llevar a tu hijo según el problema.
Referencias
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Gnech M, Bujons A, Radmayr C, et al. Update and summary of the EAU/ESPU paediatric guidelines on urinary tract infection in children. Journal of Pediatric Urology. 2025;22(2):105481. doi:10.1016/j.jpurol.2025.06.016
Gnech M, 't Hoen L, Zachou A, et al. Update and summary of the European Association of Urology/European Society of Paediatric Urology paediatric guidelines on vesicoureteral reflux in children. European Urology. 2024;85(5):433-442. doi:10.1016/j.eururo.2023.12.005
National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Urinary tract infection in under 16s: diagnosis and management. NICE guideline NG224. Londres: NICE; 2022. https://www.nice.org.uk/guidance/ng224
Morello W, Baskin E, Jankauskiene A, et al. (PREDICT Trial). Antibiotic prophylaxis in infants with grade III, IV, or V vesicoureteral reflux. New England Journal of Medicine. 2023;389(11):987-997. doi:10.1056/NEJMoa2300161
Hoberman A, Greenfield SP, Mattoo TK, et al. (RIVUR Trial Investigators). Antimicrobial prophylaxis for children with vesicoureteral reflux. New England Journal of Medicine. 2014;370(25):2367-2376. doi:10.1056/NEJMoa1401811
Tullus K, Shaikh N. Urinary tract infections in children. The Lancet. 2020;395(10237):1659-1668. doi:10.1016/S0140-6736(20)30676-0
Mattoo TK, Shaikh N, Nelson CP. Contemporary management of urinary tract infection in children. Pediatrics. 2021;147(2):e2020012138. doi:10.1542/peds.2020-012138
Läckgren G, Cooper CS, Neveus T, Kirsch AJ. Management of vesicoureteral reflux: what have we learned over the last 20 years? Frontiers in Pediatrics. 2021;9:650326. doi:10.3389/fped.2021.650326
Estrada CR Jr, Passerotti CC, Graham DA, et al. Nomograms for predicting annual resolution rate of primary vesicoureteral reflux: results from 2,462 children. The Journal of Urology. 2009;182(4):1535-1541. doi:10.1016/j.juro.2009.06.053
Shaikh N, Hoberman A, Keren R, et al. Recurrent urinary tract infections in children with bladder and bowel dysfunction. Pediatrics. 2016;137(1):e20152982. doi:10.1542/peds.2015-2982
Dra. María Cristina Castañeda Martínez
Nefróloga Pediatra · Ciudad de México
Médico Cirujano (Cédula SEP 9781821) · Especialista en Pediatría (Cédula SEP 11897194) · Subespecialista en Nefrología Pediátrica (Cédula SEP 12360159) · Maestría en Ciencias de la Salud (Cédula SEP 15436321)
Publicado el 12 de julio de 2026 · Última revisión: 28 de octubre de 2026.
Sígueme para más información de salud renal infantil: Instagram @dra.cris.nefro · Facebook — Dra. Cristina / Nefrología Pediátrica.
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