¿Un niño puede tener piedras en el riñón? Señales, causas y cuándo referir a nefrología pediátrica
Sí: las piedras en el riñón (litiasis o urolitiasis) también se forman en niños, incluso en bebés. Son menos frecuentes que en adultos, pero van en aumento: las revisiones de las últimas décadas estiman un incremento de alrededor de 6 a 10 % por año, hasta cerca de 50 casos por cada 100,000 adolescentes al año (Tasian y Copelovitch, 2014). La diferencia clave con el adulto es que en el niño casi siempre hay una causa metabólica, anatómica o infecciosa que se debe buscar — por eso el estudio no termina cuando la piedra sale.
¿Un niño puede tener piedras en el riñón?
Sí, a cualquier edad. Durante mucho tiempo se pensó que era un problema "de adultos", pero los registros hospitalarios muestran lo contrario: en un estado de Estados Unidos, entre 1997 y 2012, la incidencia en adolescentes de 15 a 19 años creció alrededor de 26 % cada 5 años y el riesgo de tener una piedra durante la infancia se duplicó, con un aumento especialmente marcado en niñas (Tasian et al., 2016; Sas et al., 2010). Las causas de ese aumento no están del todo claras; se han propuesto cambios en la dieta (más sal y alimentos procesados, menos agua), el sobrepeso y también que hoy se hacen más estudios de imagen y se detectan piedras que antes pasaban desapercibidas (Hernandez et al., 2015).
Lo que sí sabemos con certeza: la mayoría de las piedras en niños están formadas predominantemente por oxalato de calcio (alrededor de 75 a 80 %), una proporción menor por fosfato de calcio, y un grupo importante son piedras de infección (estruvita) o de ácido úrico (Tasian y Copelovitch, 2014). Cada tipo apunta a una causa distinta — y encontrar esa causa es lo que evita que se repita.
¿Cómo se manifiesta según la edad del niño?
En pediatría la litiasis no siempre da el "cólico clásico" del adulto. El cuadro cambia con la edad:
Lactantes y menores de 2 años: llanto inconsolable o irritabilidad sin causa aparente, vómito, rechazo al alimento, orina turbia o con sangre, o una infección urinaria que "no tiene explicación". La piedra suele ser un hallazgo del ultrasonido.
Preescolares (2 a 5 años): dolor abdominal difuso que va y viene, vómito, infecciones de orina repetidas o sangre en la orina sin dolor. A esta edad el niño rara vez puede señalar "me duele el costado".
Escolares (6 a 12 años): dolor en el flanco, la espalda baja o el abdomen que puede irradiar hacia la ingle, orina con sangre visible o microscópica, ardor o urgencia al orinar. Aquí el cuadro empieza a parecerse al del adulto.
Adolescentes: cólico renal típico — dolor intenso en oleadas en el flanco que baja hacia la ingle o los genitales, náusea y vómito, sangre en la orina, a veces con expulsión de la piedra o de "arenilla".
Un dato que orienta al pediatra: cuanto más pequeño el niño, más inespecíficos los síntomas y más probable que exista una causa metabólica o anatómica de fondo (Hernandez et al., 2015).
¿Cuándo llevarlo el mismo día?
Ante cualquiera de estas señales, la valoración es el mismo día (urgencias o consulta inmediata), sin esperar:
Dolor intenso en el flanco o el abdomen que no cede con reposo ni con el analgésico habitual.
Fiebre con dolor lumbar o abdominal — una piedra que obstruye con infección detrás es una urgencia que puede dañar el riñón.
Vómito persistente que impide tomar líquidos.
Sangre visible en la orina junto con dolor.
Deja de orinar o casi no orina durante varias horas, sobre todo si es un niño con un solo riñón funcional o con antecedente de piedras.
Nada de esto significa un diagnóstico por internet: significa que alguien tiene que revisar al niño ese día.
¿Y si solo es "arenilla"?
Muchos papás describen que el niño expulsó "arenilla" o que en un examen de orina aparecieron "cristales". No toda arenilla es una piedra: la orina concentrada puede formar cristales que no tienen mayor importancia. Pero en un niño, la arenilla repetida, los cristales que aparecen una y otra vez o los micro-cálculos en el ultrasonido merecen el mismo estudio que una piedra formada, porque indican que la orina de ese niño está saturada de algún componente — y esa es justamente la señal temprana de una tendencia a formar piedras que sí se puede corregir a tiempo.
¿Por qué en un niño siempre se busca la causa?
En el adulto es común atribuir una piedra a "poca agua y mala suerte". En el niño no: la litiasis pediátrica se asocia con frecuencia a alteraciones metabólicas o de la vía urinaria que elevan mucho el riesgo de que vuelva a formarse, y algunas son enfermedades raras de origen genético que conviene detectar temprano (Hernandez et al., 2015; Tasian y Copelovitch, 2014). Las causas que se buscan de forma sistemática son:
Exceso de calcio en la orina (hipercalciuria): la alteración más frecuente; muchas veces familiar.
Poco citrato en la orina (hipocitraturia): el citrato es el "protector natural" contra las piedras de calcio. Su déficit se ve en la dieta alta en sal y proteína, y también en la acidosis tubular renal distal, que puede cursar con nefrocalcinosis.
Exceso de oxalato (hiperoxaluria): por la dieta, por problemas intestinales de absorción o, en su forma primaria, por una enfermedad genética que exige diagnóstico temprano.
Cistinuria: enfermedad hereditaria en la que el riñón pierde cistina; forma piedras grandes y recurrentes desde edades tempranas.
Exceso de ácido úrico en la orina.
Infecciones urinarias por bacterias que producen ureasa (por ejemplo, Proteus): forman piedras de estruvita que pueden crecer rápido y llenar el riñón.
Anomalías anatómicas de la vía urinaria que estancan la orina: estrechez de la unión pieloureteral, reflujo vesicoureteral, vejiga neurogénica, riñón en esponja medular.
Dieta: poca agua, mucha sal, exceso de proteína animal, dietas cetogénicas.
Medicamentos: algunos anticonvulsivos como el topiramato, ciertos antibióticos como la ceftriaxona (que puede formar "seudo-piedras" biliares y urinarias), suplementos en exceso de vitamina D o C.
Antecedente de prematurez: los bebés prematuros que recibieron diuréticos de asa (como furosemida) durante semanas tienen riesgo de nefrocalcinosis y piedras.
Estas causas se estudian con exámenes de orina y sangre y con la composición de la piedra si se recuperó; los valores específicos y su interpretación corresponden a la consulta, no a un artículo.
Para el médico de primer contacto: qué hacer antes de referir y cuándo referir a nefrología pediátrica
Estudio mínimo desde primer nivel
Antes o durante la referencia, con lo disponible en la mayoría de los consultorios:
Examen general de orina (hematuria, pH, cristales, datos de infección) y urocultivo si hay cualquier sospecha de infección.
Ultrasonido renal y de vías urinarias: es el estudio de imagen inicial recomendado en niños; la tomografía sin contraste se reserva para los casos en que el ultrasonido no es concluyente y la sospecha sigue siendo alta, por la exposición a radiación (Tasian y Copelovitch, 2014).
Química sanguínea básica con creatinina, electrolitos y calcio si es posible.
Recuperar la piedra si el niño la expulsa (colar la orina): el análisis de su composición dirige todo el estudio posterior.
Qué enviar con la referencia
El reporte de imagen (idealmente las imágenes), el examen de orina y urocultivo, la química, el reporte de análisis de la piedra si se recuperó, el índice calcio/creatinina en orina si se solicitó, la lista de medicamentos y suplementos, el antecedente de prematurez y la historia familiar de litiasis. Con eso la primera consulta de nefrología pediátrica ya arranca con dirección.
Criterios de referencia a nefrología pediátrica
En pediatría el umbral es bajo, precisamente porque la causa de fondo es la regla y no la excepción:
Todo niño con litiasis o nefrocalcinosis confirmada por imagen, sea cual sea el tamaño de la piedra — el primer episodio es el momento de estudiar.
Recurrencia (segunda piedra o nuevos episodios de "arenilla").
Litiasis bilateral, múltiple o en un niño con un solo riñón funcional.
Historia familiar de litiasis, sobre todo en varios familiares o de inicio temprano.
Alteración metabólica ya documentada en orina o sangre, o sospecha de enfermedad genética (cistinuria, hiperoxaluria primaria).
Infección urinaria asociada a la piedra o piedra de infección.
Menor de 5 años con litiasis.
Función renal alterada, hipertensión o daño renal en la imagen en cualquier niño con piedras.
El manejo suele ser compartido: nefrología pediátrica estudia y corrige la causa y previene la recurrencia; urología pediátrica interviene cuando la piedra requiere un procedimiento para retirarla. Los criterios de referencia de esta y otras patologías están reunidos en la página para médicos.
¿Cómo se estudia y se trata?
El estudio metabólico se escalona según la edad: análisis de orina (en niños mayores, recolección de 24 horas; en los pequeños, relaciones en una muestra aislada), estudios en sangre y, cuando se dispone de la piedra, su análisis químico. En el episodio agudo, el objetivo es controlar el dolor, hidratar y definir si la piedra puede expulsarse sola o necesita un procedimiento (según su tamaño y ubicación).
Para prevenir que vuelva, dos medidas se recomiendan a todos los niños con antecedente de piedras: aumentar la ingesta de agua y reducir la sal (Tasian y Copelovitch, 2014). A partir de ahí, el tratamiento depende de la causa encontrada: hay medicamentos que aumentan el citrato en la orina, otros que reducen la pérdida de calcio y tratamientos específicos para la cistinuria o la hiperoxaluria; todos se indican y ajustan por el especialista según la edad y el peso del niño. La evidencia en niños todavía es limitada y gran parte se extrapola del adulto, por lo que el seguimiento cercano es parte del tratamiento (Tasian y Copelovitch, 2014). El abordaje completo se describe en la página del servicio de consulta de nefrología pediátrica.
Para papás: ¿se puede evitar que vuelva?
En buena medida, sí — y los hábitos son la parte del tratamiento que está en casa:
Agua durante todo el día, no solo cuando hay sed; una guía práctica es que la orina se vea clara o amarillo muy pálido. La cantidad exacta la define su médico según la edad y el peso.
Menos sal: botanas saladas, embutidos, sopas instantáneas y comida rápida elevan el calcio en la orina.
Cítricos como limón y naranja aportan citrato natural (agua con limón sin exceso de azúcar es una buena aliada).
No quitar la leche ni el calcio de la dieta por cuenta propia: un consumo normal de calcio con los alimentos en realidad protege; restringirlo puede aumentar el oxalato en la orina y empeorar el problema.
Nada de remedios para "disolver" piedras ni suplementos sin indicación: algunos (vitamina C o D en exceso) las favorecen.
Seguimiento: el ultrasonido y los estudios de orina de control son los que confirman que el plan está funcionando.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad son más comunes las piedras en el riñón en niños? Pueden aparecer a cualquier edad, incluso en bebés, pero son más frecuentes en escolares mayores y adolescentes, y en las últimas décadas el aumento más marcado se ha visto en adolescentes, especialmente mujeres (Sas et al., 2010; Tasian et al., 2016). En los niños más pequeños es más probable que exista una causa metabólica o anatómica de fondo.
¿Cómo empiezan los síntomas de piedras en los riñones en un niño? Depende de la edad. En bebés y preescolares suelen empezar con irritabilidad, vómito, orina turbia o con sangre, o una infección de orina; en escolares y adolescentes, con dolor en el costado o la espalda baja que puede bajar a la ingle, sangre en la orina y ardor o urgencia al orinar. Muchas piedras en niños no dan síntomas y se encuentran en un ultrasonido hecho por otro motivo.
¿Las piedras en niños se expulsan solas? Muchas piedras pequeñas sí se expulsan de forma espontánea, sobre todo las que ya están en el uréter, y en algunos casos el especialista indica medicamentos que facilitan el paso. Si la piedra es grande, obstruye el riñón, se acompaña de infección o no sale en el plazo esperado, se requiere un procedimiento de urología pediátrica. Esa decisión se toma con la imagen y la evolución del niño, no en casa.
Mi hijo ya expulsó la piedra, ¿aún necesita estudio? Sí. En niños, expulsar la piedra resuelve el episodio, pero no la causa: sin estudio, la probabilidad de que se forme otra es alta. Conviene guardar la piedra (colando la orina) para analizar su composición y completar el estudio metabólico con nefrología pediátrica.
¿Las piedras en el riñón son hereditarias? Con frecuencia hay antecedente familiar, sobre todo de hipercalciuria. Además existen enfermedades genéticas que forman piedras desde la infancia, como la cistinuria y la hiperoxaluria primaria; detectarlas temprano cambia el tratamiento y el pronóstico. Por eso la historia familiar es parte del estudio de todo niño con litiasis.
Referencias
Tasian GE, Copelovitch L. Evaluation and medical management of kidney stones in children. The Journal of Urology. 2014;192(5):1329-1336. doi:10.1016/j.juro.2014.04.108
Hernandez JD, Ellison JS, Lendvay TS. Current Trends, Evaluation, and Management of Pediatric Nephrolithiasis. JAMA Pediatrics. 2015;169(10):964-970. doi:10.1001/jamapediatrics.2015.1419
Tasian GE, Ross ME, Song L, et al. Annual Incidence of Nephrolithiasis among Children and Adults in South Carolina from 1997 to 2012. Clinical Journal of the American Society of Nephrology. 2016;11(3):488-496. doi:10.2215/CJN.07610715
Sas DJ, Hulsey TC, Shatat IF, Orak JK. Increasing incidence of kidney stones in children evaluated in the emergency department. The Journal of Pediatrics. 2010;157(1):132-137. doi:10.1016/j.jpeds.2010.02.004
Dra. María Cristina Castañeda Martínez
Nefróloga Pediatra · Ciudad de México
Médico Cirujano (Cédula SEP 9781821) · Especialista en Pediatría (Cédula SEP 11897194) · Subespecialista en Nefrología Pediátrica (Cédula SEP 12360159) · Maestría en Ciencias de la Salud (Cédula SEP 15436321)
Publicado el 23 de septiembre de 2026 · Última revisión: 23 de septiembre de 2026.
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